¿Y si el buen sexo no es lo que te han contado?

¿Y si el buen sexo no es lo que te han contado?

¿Es el buen sexo lo que nos han contado? o hemos aprendido un modelo coitocentrista, falocentrista y orgasmocentrista.

“Nos han enseñado a medir el sexo de muchas maneras. Pero quizás llevamos demasiado tiempo haciéndonos la pregunta equivocada”

Medimos el sexo de muchas maneras:

  • Cuánto dura.
  • Cuántas veces lo hacemos.
  • Cuántos orgasmos tenemos.
  • Si hay penetración.
  • Está presente el deseo.
  • Hemos  conseguido satisfacer a nuestra propia pareja.

En lugar de preguntarnos:

  • ¿Lo estamos haciendo bien?

Podríamos preguntarnos:

  • ¿Nos estamos sintiendo bien?

Porque el buen sexo no debería ser una prueba que hay que superar.

Nos enseñaron un guión

Durante mucho tiempo hemos asociado el buen sexo con determinados mitos de perfección: deseo constante, excitación inmediata, cuerpos disponibles, determinadas prácticas, rendimiento, orgasmo…

Como si existiera una especie de guión universal:

deseo — excitación — penetración — orgasmo — finde la historia

Y cuanto mejor se ejecuta ese guión, mejor sexo creemos que estamos teniendo.

¿Qué ocurre cuando nuestro cuerpo no sigue ese orden?

¿Qué ocurre cuando tenemos deseo pero no excitación?

¿Estamos excitados pero no queremos penetración?

¿Queremos intimidad pero no tenemos deseo sexual?

¿Cuando disfrutamos muchísimos y no llegamos al orgasmo?

¿Significa que hemos tenido mal sexo?

Quizás no!!

Tal vez  signifique que el sexo humano es mucho más complejo que el guión que hemos aprendido.

Tres mitos sobre el buen sexo

  • Mito de la espontaneidad:

Existe una idea muy extendida, el deseo debería aparecer de forma espontánea. Como si en cualquier momento nuestro cuerpo tuviera que estar preparado para desear.

El deseo sexual no aparece en el vacío, en él intervienen factores emocionales, físicos, psicológicos, hormonales, relacionales y contextuales.

El cansancio, el estrés, las preocupaciones, la autoestima, la relación con nuestro cuerpo, la calidad del vínculo o incluso como ha sido nuestro día pueden influir.

A veces el deseo aparece antes del encuentro. otras veces puede aparecer durante la propia experiencia, cuando existen las condiciones adecuadas para conectar con el placer.

Es por eso que, no sentir deseo de forma espontánea, no significa necesariamente que algo vaya mal.

  • Mito del rendimiento:

La cultura popular vende el sexo como una actuación olímpica o acrobática.

Hay que rendir.

Saber muchas cosas.

Sorprender.

Mantener la erección.

Conseguir que la otra persona tenga un orgasmo.

Y si es posible hacerlo cada vez mejor.

El placer sexual no funciona así. Si solo nos centramos en nuestro rendimiento dejamos de estar pendientes de nuestras sensaciones.

“Cuando el sexo se convierte en una actuación puede desaparecer precisamente aquello que buscábamos: el placer”

Quizás el verdadero encuentro erótico tenga más que ver con la curiosidad, la generosidad, la escucha, y el cuidado que con demostrar determinadas habilidades.

  • Mito de la frecuencia:

Parece que existe una cifra invisible que determina cuánto sexo debería tener  una pareja, tres veces, todos los días, una vez a la semana.

Las estadísticas pueden describir comportamientos colectivos, no pueden decirle a una pareja cuánto sexo necesitan para sentirse bien.

Cada persona tiene su ritmo, su historia, cada relación atraviesa diferentes etapas. La frecuencia que funciona para una pareja no puede funcionar para otra.

El problema aparece cuando convertimos una cifra en una medida de normalidad y empezamos a compararnos.

El problema de intentar hacerlo bien.

“Si el sexo se vuelve funcional  deja de ser placentero”

Te han contado que hacerlo bien es algo como: siempre tienes ese deseo, luego te excitarás, seguidamente habrá penetración llegas al orgasmo y fin de la historia.

Esto que habrás escuchado e intentado hacer o que muchos hicieron, solo ha generado angustias, porque muchas personas, no tienen siempre el deseo esperando que llegue la hora del sexo, o pueden tener deseo y no estar excitados, y si el orgasmo es obligatorio, que frustrante para aquellos que en su carrera a este no lo logran.

Si el sexo se aprende desde el deber, la vergüenza o el miedo, es lógico que el disfrute no aparezca de forma espontánea.

“Cuando el sexo se vive como evaluación, la ansiedad ocupa el espacio del placer.”

No hay una metodología a seguir, el sexo no es un examen, cada pareja es diferente y cada persona también.

El conocimiento de ambos, los deseos y la forma en que se relacionen será lo que les haga disfrutar de su buen sexo.

Siempre puedes hacer lo que te hace sentir bien. Sin la presión de las expectativas, suele salir mucho mejor de lo que habrías imaginado.

Tu vida amorosa no es una competición, no tienes que compararte con determinadas estadísticas que suelen salir en las revistas, solo tú decides.

¿De verdad el orgasmo lo mide todo?

Una gran parte de la población ha aprendido que la meta de una relación sexual es el orgasmo,  y comienzan una carrera para alcanzarlo.

El problema es que mientras perseguimos la meta, podemos perdernos todo lo que sucede durante el camino.

Centrar el encuentro erótico en el orgasmo puede ser estresante para ambos integrantes de la relación, incluso existe la fantasía de que una pareja debería alcanzar el orgasmo simultáneamente.

En una pareja, cada integrante tiene su ritmo y su tiempo, pueden llegar juntos o no, pueden no tener orgasmos, puede tener un orgasmo uno y el otro no.

Nada de esto convierte el encuentro erótico en un fracaso, porque una experiencia erótica puede ser satisfactoria por muchas razones:

  • Puede haber juegos
  • deseo
  • ternura
  • complicidad
  • descubrimiento
  • risas
  • contacto
  • placer

Puede haber ocasiones en las que un masaje suave, una caricia, o simplemente dormir abrazados, proporcione tanta intimidad y bienestar que no necesite convertirse en otra cosa.

El orgasmo puede formar parte del placer, pero no tiene que ser el juez del encuentro.

Lo que ocurre cuando dejamos de perseguir resultados.

  • Cuando quitas el foco en el rendimiento, el placer aparece con más facilidad.
  • Recuperas el ritmo propio, sientes y escuchas al cuerpo sin forzarlo.
  • Los encuentros eróticos no están marcados por objetivos, a veces el placer empieza cuando hay ausencia de estos.
  • El placer se construye desde la seguridad.
  • El placer necesita libertad, presencia, decir “sí” y también “no”.

Quizás el buen sexo sea otra cosa.

El buen sexo se define por:

  • La comunicación abierta: Hablar de lo que te gusta y lo que no apetece es indispensable. El sexo fantástico n es adivinar, sino conversar y conocer los deseos del otro.
  • La conexión y el vínculo: El buen sexo genera complicidad, seguridad emocional y bienestar con uno mismo. La conexión puede convertir una experiencia sexual en un verdadero encuentro íntimo.
  • La libertad: Quitar la exigencia de llegar a un ideal preestablecido permite reconectar con el placer real, sin ansiedad.
  • Curiosidad: preguntar, explorar, descubrir, cambiar, aprender. El sexo puede ser creativo y lúdico.
  • Presencia: Estar en el cuerpo, en las sensaciones, en el momento, sin pensar en el cumplimiento de expectativas.

“Quizás el problema sea que estamos intentando tener el sexo que nos enseñaron que deberíamos tener”

Ahora es el momento de cuestionarlo, porque el buen sexo no se mide por la cantidad de orgasmos, ni por frecuencia, ni tiene una única forma, ni por lo que ocurre en las películas.

El buen sexo se construye con:

  • comunicación
  • consentimiento
  • curiosidad
  • escucha activa
  • conexión
  • libertad
  • con la posibilidad de cambiar de opinión
  • es un juego de adultos, donde pueden ser honestos, abiertos y vulnerables.

Quizás la pregunta ya no debería ser “¿Tenemos buen sexo?” sino: “¿Este sexo nos hace sentir bien?”

Quizás sea una de las grandes revoluciones sexuales que todavía tenemos pendientes: dejar de hacer sexo para demostrar que sabemos hacerlo y empezar a vivirlo para sentir.

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